Síntesis del pensamiento de Aristóteles y su contexto

ARISTÓTELES



1.     Contextualización del texto propuesto.

1.1.    Ética a Nicómaco, Libro II, 4-6.

La  Ética a Nicómaco, probablemente recopilada o editada por su hijo, es un texto fundamental para conocer no sólo la ética aristotélica, sino para entender su filosofía en general. Dividida en diez libros, va tratando los temas más importantes para Aristóteles de este saber práctico: la felicidad, la naturaleza de la virtud ética, las acciones voluntarias e involuntarias, las virtudes éticas e intelectuales (dianoéticas), la amistad y la naturaleza del placer y la felicidad.
Los tres capítulos del Libro II objeto de lectura, tratan básicamente del modo de ser, es decir, del hábito, de la adquisición de la virtud por medio de la repetición de actos virtuosos que consisten en un cierto término medio entre los extremos, por exceso y por defecto, no virtuosos.
En el fragmento propuesto…

1.2.    Ética a Nicómaco, Libro X, 6-8.

La  Ética a Nicómaco, probablemente recopilada o editada por su hijo, es un texto fundamental para conocer no sólo la ética aristotélica, sino para entender su filosofía en general. Dividida en diez libros, va tratando los temas más importantes para Aristóteles de este saber práctico: la felicidad, la naturaleza de la virtud ética, las acciones voluntarias e involuntarias, las virtudes éticas e intelectuales (dianoéticas), la amistad y la naturaleza del placer y la felicidad.
Los tres capítulos del Libro X objeto de lectura, se abordan concretamente los siguientes asuntos: el contenido de la felicidad -poniendo en duda que ésta se alcance a través del placer-; la felicidad perfecta; y los argumentos sobre la primacía de la vida contemplativa. En este último punto, Aristóteles justifica que la actividad contemplativa, es decir, la reflexión pura, no con vistas a la acción, es la que nos proporciona la más perfecta felicidad, porque es la más parecida a la de los dioses.
En el fragmento propuesto…

1.3.    Política, Libro I, 1-3.

La  Política, que enlaza con el final de la Ética a Nicómaco, es un conjunto de lecciones independiente, que probablemente surge de las clases orales de Aristóteles. A lo largo de sus  ocho libros describe, analiza y comenta los temas fundamentales de la vida en común, de la ciudad y de los ciudadanos. Cada uno de dichos libros trata, respectivamente de: la comunidad política y la comunidad familiar; la exposición crítica de las constituciones más perfectas; la teoría general de las constituciones; sus diversas formas; la inestabilidad de los regímenes políticos; los modos de organización y conservación de la democracia y la oligarquía; la descripción del Estado ideal; y la educación de los jóvenes.
En los tres primeros capítulos del Libro I objeto de lectura, Aristóteles describe los elementos que componen la polis y, sobre todo, pone de manifiesto que, por naturaleza, la polis es anterior con respecto a esos elementos: la sociabilidad natural del ser humano es lo que posibilita la vida en comunidad.
En el fragmento propuesto…


2. Síntesis sistemática de su pensamiento.

Aristóteles (384-322 a.C.) nació en Estagira, en una familia relacionada con la corte de Macedonia. Viajó a Atenas donde ingresó en la Academia platónica, de la que llegó a ser uno de sus más destacados discípulos. Tras la muerte de Platón, se ocupó de la educación del futuro Alejandro Magno. Regresó a Atenas donde fundó su propia escuela, el Liceo. Antes de fallecer, Aristóteles se había convertido en uno de los filósofos y científicos de mayor renombre de su tiempo, si bien su influencia fue mayor aún desde la Baja Edad Media hasta el Renacimiento.
La amplitud de su ocupación intelectual se refleja en sus obras, entre las que cabe destacar: Organon, Física, Metafísica, Acerca del alma, Ética a Nicómaco, Política,…

La filosofía aristotélica puede centrarse en tres focos de interés fundamentales: el estudio del “ser”, el de la “naturaleza” y la “acción ética.” El tema de la naturaleza no es otro que el problema de la realidad, por lo que irá ligado a la cuestión del “ser”, pero desdoblándose en dos ámbitos: uno físico y otro metafísico. Pero dentro de esta realidad, emerge el hombre, el ser que conoce y actúa, y al cual hay que conocer y saber cuáles son las pautas que rigen su actividad.
Comencemos, pues, por  su concepción antropológica.

Aristóteles, al igual que Platón, consideraba que el hombre es un compuesto de alma y cuerpo, si bien para él constituyen una unidad substancial de materia (cuerpo) y forma (alma), de modo que las actividades humanas son el resultado de dicha unidad.
El Estagirita mantiene esta idea al afirmar que el alma es la forma del cuerpo y, en consecuencia, también es el acto del cuerpo, que, por el hecho de ser materia, es la potencia. Así, al igual que el acto es superior a la potencia y la forma a la materia, el alma prevalece sobre el cuerpo y es superior a él, puesto que es el principio de toda la actividad de los seres vivos. Aristóteles considera, en efecto, que todos los seres vivos tienen alma, pero no todas las almas pueden realizar las mismas funciones. Por eso, distingue tres tipos diferentes: el alma vegetativa, propia de las plantas y cuyas funciones son la nutrición y la reproducción; el alma sensitiva, propia de los animales y con funciones sensoriales; y el alma racional, propia del hombre y con funciones intelectuales.
En oposición a su maestro, considera que sólo existe un mundo: el mundo de los seres, que es el mundo real. Por tanto, conocer es conocer cosas, incorporar la realidad de las cosas al intelecto. Aristóteles sostiene que el conocimiento es un proceso ascendente, desde  el objeto al concepto, de las cosas a sus causas, y, siguiendo las divisiones del alma, distingue dos niveles de conocimiento: el sensitivo y el intelectual. El proceso del conocimiento es el siguiente: los sentidos captan los aspectos sensibles del objeto; el sentido común coordina los sentidos y garantiza una percepción global del objeto, obteniéndose así una imagen elaborada por la imaginación, la memoria y la experiencia; dicha imagen pasa al entendimiento paciente, que la recibe haciéndola potencialmente inteligible; el entendimiento agente abstrae y obtiene un concepto, que se constituye en la base del conocimiento universal, y es siempre verdadero.
De lo anteriormente expuesto, podemos concluir que: existen varios niveles de conocimiento (sensación, imaginación, experiencia y entendimiento, siendo estos dos últimos propios del ser humano); el conocimiento sensitivo es la fuente de todos los conocimientos, se caracteriza por su particularidad, es verdadero pero no científico (está sometido al cambio); y, el conocimiento intelectual, propio de los seres racionales, es la facultad abstractiva y discursiva o la facultad de pensar. Cuando este conocimiento es necesario, se llama ciencia.
Aristóteles entiende la ciencia en oposición a la opinión: la ciencia es siempre verdadera, por lo que la define como un conocimiento necesario, universal y cierto de las cosas, razón por la cual llega hasta las esencias, las define y las explica por sus causas. Distingue, además, estos modos de saber: la techne (arte o técnica), la phronesis (prudencia), la episteme (ciencia), el nous (intelección) y la sofía (sabiduría).
Aristóteles pretende hacer de la filosofía una ciencia rigurosa, que se explique a partir de sus primeros principios. Su objeto de estudio ha de ser estrictamente universal, no sólo en los conceptos sino en el sentido de abarcar todo cuanto existe. La totalidad consiste en la coincidencia de todas las cosas en un mismo carácter: en que son algo. Por tanto, el ser es el objeto formal y primordial de la filosofía.

El concepto de Metafísica adquiere en Aristóteles dos significados: el primero es el de filosofía primera, entendida como la ciencia del ser en cuanto ser, y también como la ciencia de las primeras causas y principios; el segundo es posterior (de Andrónico de Rodas), y hace referencia a aquello que está más allá de la física, por lo que no es demostrable experimentalmente.
Como hemos señalado anteriormente, el ser es el objeto de la filosofía, pero el ser se dice de muchas maneras. Cuando Aristóteles habla del ser se refiere al ente, al ser en cuanto que está siendo, aquello que tiene actualidad de ser, que existe. Aborda su estudio a través del ente concreto, y este ente es la substancia. La substancia es el sujeto de toda predicación, el soporte de los accidentes y el sujeto del cambio. En efecto, la substancia es la categoría primaria. Según el propio autor, toda substancia sensible y concreta es un ser individual compuesto de materia y forma, que al mismo tiempo es sujeto de toda predicación. Es decir, la substancia es, además de un ente sensible, una categoría. Pero no hay ninguna substancia que no posea accidente, ya que éstos son los modos de ser de la sustancia, aquello que podemos predicar de ella. La peculiaridad de los accidentes -que son nueve (cantidad, cualidad, relación, tiempo,…)- es que no pueden existir por sí mismos, existen gracias a la substancia puesto que son afecciones de la misma. Todos estos accidentes, o mejor, categorías accidentales nos indican qué es, cómo es, dónde está,…, una substancia concreta.
Centrémonos ahora en la categoría de substancia. Aristóteles la describe como un compuesto de materia y forma (teoría hilemórfica). Materia es aquello de lo que está hecha una substancia; forma lo que hace que una substancia sea lo que es. La forma es lo que determina la materia poniéndola en acto, haciendo que adquiera determinación; es la esencia de la cosa, lo que hace que una substancia sea lo que es. Pero es necesario señalar que la forma no puede existir sin la materia, ha de existir en ella, puesto que es su determinación.
Abordaremos ahora dos conceptos fundamentales para entender posteriormente la explicación del cambio y el movimiento en Aristóteles: la potencia y el acto. El ser en potencia se refiere a la materia; la materia es un ser en potencia, radicando su potencialidad en que es capaz de recibir cualquier forma que la determine, pasando a ser algo en acto. El acto se relaciona con la forma; la forma es la determinación de la materia, su actualización concreta, es ser en acto algo concreto. Así, el cambio se explica como el paso de la potencia al acto.
El cambio es algo evidente a nuestros sentidos, puesto que todos los seres naturales, por el hecho de serlo, son cambiantes. Conviene advertir que el término naturaleza (physis) no posee un significado unívoco, razón por la cual Aristóteles delimita en su Física lo que entiende por ella: se trata de una fuerza que tienen determinados seres y que les impele al cambio; es el principio y la causa del movimiento y reposo para aquellas cosas en las que reside por esencia. Por tanto, son seres por naturaleza los que poseen en sí intrínsecamente el principio de su propio cambio. Los seres que poseen naturaleza son substancias, por lo que la realidad natural es substancial. Aristóteles divide este realidad en: substancia simple (el motor inmóvil: Dios), y substancias compuestas por materia y forma (mundo sublunar y mundo celeste). En definitiva, el estudio de la naturaleza lleva al Estagirita al estudio del cambio, del devenir y de los principios sobre los que éste se fundamenta. La misma experiencia nos muestra dos tipos de cambio: substanciales (generación o corrupción); y accidentales (cuantitativos, cualitativos y locativos). Nos faltaría, además, explicar el porqué (las causas) de ese cambio.  Aristóteles habla de dos tipos de causas: intrínsecas (causa material -es el sustrato del cambio-, y formal -es la esencia o forma-); y las extrínsecas (causa eficiente -es el agente encargado de actualizar las potencialidades-, y final -la finalidad o el fin que se orienta todo el proceso-). Aristóteles formula, pues, el principio de causalidad, y nos recuerda que no es posible una regresión indefinida desde los móviles a sus motores, pues entonces no habría nunca un primer motor y no sería posible el movimiento. Dado que el cambio es, como se ha dicho, una evidencia, ha de haber un primer motor origen del movimiento. Ahora bien, para ser verdaderamente primero, ha de ser inmóvil, esto es, permanencia sin cambio. Además, dado que todo lo que tiene potencia está sometido al cambio, ha de ser actualidad pura, estar en plena posesión de su ser, es decir, tiene que ser forma pura. Y a esto es a lo que llama “Dios”. Hagamos notar que este Dios no es el creador del mundo: no lo conoce ni se preocupa por él. Sólo puede realizar aquella actividad para la que no precisa la materia, a saber, el pensamiento, siendo su único objeto de pensamiento el pensamiento mismo. Al delimitar de este modo el ámbito de la Teología, Aristóteles señala que el primer motor es la causa final del movimiento, que mueve todo sin moverse él mismo. La teleología o finalidad que parece manifestar el cosmos está orientada, pues, hacia el primer motor.

Según Aristóteles, cada animal tiene un ethos (un carácter, una costumbre, un modo de ser) determinado que gobierna su conducta y es estudiado por la Zoología. Pero el carácter humano está mediatizado por el pensamiento y eso hace del hombre un ser distinto que ha de ser estudiado por la Ética. Aristóteles convierte a la Ética en una reflexión práctica, encaminada a la acción: el problema reside en saber cuándo una acción es buena.
La Ética a Nicómaco comienza afirmando que toda acción humana se realiza con vistas a un fin, siendo dicho fin el bien que se busca. Por tanto, el fin se identifica con el bien. Muchas de estas acciones son un medio para alcanzar otro fin; pero, ¿hay algún fin último?, es decir, ¿algún bien que se persiga por sí mismo y no para alcanzar otro bien? Aristóteles afirma que sí, que la felicidad es el bien último al que aspiran todos los hombres por naturaleza, una felicidad que identifica con la vida buena. En esto estamos todos de acuerdo; sin embargo, no todos los hombres tienen la misma concepción de la felicidad: para unos reside en las riquezas, para otros en el placer, en los honores,… Dado que la ética es una reflexión encaminada a la acción, ha de ser en la propia actividad humana donde encontremos los elementos que nos permitan responder a esta pregunta acerca de en qué consiste la felicidad. Partiendo del hecho de que el hombre posee una naturaleza caracterizada por su función intelectiva, y que será un buen hombre si actúa conforme a dicha función, hemos de afirmar que la felicidad consistirá en la actividad teórica, racional.
Ahora bien, el hombre es una substancia compuesta por alma y cuerpo, por lo que junto a las tendencias apetitivas de su naturaleza animal encontraremos también tendencias intelectivas propias de su racionalidad. Habrá, pues, dos formas de comportamientos y, por tanto, dos tipos de virtudes: las dianoéticas (propias de las funciones intelectivas del alma); y las virtudes éticas (propias de la parte apetitiva y volitiva de la naturaleza humana). Las primeras corresponden al pensamiento y perfeccionan el entendimiento formando hábitos intelectuales. Las segundas corresponden al carácter, deben ser dirigidas por el pensamiento y consolidarse en hábitos. Tenemos potencia de ellas por ser humanos, pero hemos de actualizarlas optando siempre por el término medio, en ello consiste la virtud. En efecto, Aristóteles define la virtud moral como un hábito de elegir consistente en el término medio relativo a nosotros, el cual es definido por la razón del hombre prudente.
Junto a la prudencia, Aristóteles, al igual que Platón, concede un lugar destacado a la justicia, entendida como la virtud integral del hombre que posee todas las virtudes. Esta justicia general, denominada legal, consiste en el cumplimiento de las leyes. Además, el Estagirita se refiere a la justicia como una virtud particular que regula las relaciones interpersonales imponiendo un trato equitativo, de modo que a cada cual se le dé lo que le corresponde. A su vez, dicho trato puede revestir dos formas: la justicia aritmética (dar a todos lo mismo); y justicia geométrica (dar en proporción a los méritos).
Aristóteles, junto a la justicia, también concede gran importancia a la amistad, ya que constituye la perfección o excelencia de la condición social propia del hombre. Sin convivencia no hay vida humana, y sin amistad no hay vida plena y satisfactoria. Por eso, el hombre feliz necesita amigos.
En síntesis, podemos afirmar que la ética aristotélica es naturalista, eudemonista, teleológica y está apoyada en el ejercicio de las virtudes donde domina el justo medio. 

Dicha ética de halla unida a su filosofía política, ya que para Aristóteles la comunidad social o política es el medio necesario de la moral. Sólo en la polis puede realizarse el ideal de vida teórica en que consiste la felicidad. El ser humano es, por naturaleza, un animal político, es decir, social. Por tanto, no puede llevar una vida moral sino como miembro de la comunidad. Pero, a su vez, la vida social no es sino un medio para la vida verdaderamente humana.
Hemos de tener en cuenta que los planteamientos aristotélicos en este ámbito suponen un intento de superar la decadencia de la polis griega, para lo que se centrará en determinar el origen de la sociedad y su naturaleza. Su método de investigación parte del conocimiento de distintos Estados, realizando un estudio de 158 Constituciones diferentes.
Aristóteles, como se ha dicho anteriormente, parte de un hecho radical: el ser humano es un animal político que posee lenguaje, el cual, para poder realizarse en plenitud, necesita de una comunidad. Dicha comunidad, la polis, es la culminación de un desarrollo de las distintas asociaciones humanas a través del proceso histórico-natural: familia-tribu-polis. La ciudad es, para nuestro autor, una forma natural de vida humana, es la forma de vida social y del Estado. Además, también tiene un fin propio: la felicidad de los ciudadanos; éstos no se han asociado para vivir, sino para vivir bien, para hacerlo conforme a la virtud.
En efecto, el Estagirita da a la política un claro contenido ético, puesto que la misión de la polis es crear las condiciones para que se dé una vida buena y perfecta: tiene que satisfacer las necesidades primarias de los ciudadanos y velar para que éstos alcancen la felicidad.
Sin embargo, esta felicidad sólo es alcanzable para los ciudadanos libres (guerreros, sacerdotes y magistrados), quedando excluidos todos los demás (mujeres, labradores, artesanos y comerciantes). Aristóteles justifica, también, la esclavitud: unos hombres son libres por naturaleza y otros son esclavos; éstos han de trabajar para que los ciudadanos libres queden dispensados de otras ocupaciones y puedan, de ese modo, dedicarse a la actividad teorética. Se trata, pues, de un ideal aristocrático.
Por otra parte, Aristóteles distingue distintas formas de gobierno. En primer lugar los sistemas justos, que son aquéllos que buscan el bien común: monarquía (gobierno de uno solo), aristocracia (gobierno de los mejores) y democracia (gobierno de la comunidad). Y, en segundo lugar, las corrupciones de los anteriores por buscar el propio bien, respectivamente: tiranía, oligarquía y demagogia. Para él, la mejor forma de gobierno es la aristocracia, término medio entre la monarquía y la democracia. Propone, además, una amplia clase media como fundamento de la Constitución política de la ciudad, la cual es, también, el término medio entre ricos y pobres.


3. Contexto histórico, sociocultural y filosófico de su época.

La vida y obra de Aristóteles transcurren el periodo de decadencia de las polis griegas ya que, tras la guerra del Peloponeso, el rey Filipo II de Macedonia impuso su dominio sobre ellas, perdiendo, pues, su independencia y pasando a formar parte del Imperio Macedónico. Filipo fue sustituido por su hijo Alejandro Magno, profundo admirador de  la cultura griega, puesto que había sido educado por Aristóteles. Una vez en el trono, extendió dicha cultura por todo el mundo conocido al conquistar el Imperio Persa. Su temprana muerte, en el año 323 a.C., le impediría consolidar sus conquistas, iniciándose así el llamado periodo helenístico, en el que la ciudad de Alejandría desplazó a Atenas como centro cultural y científico.

En el ámbito cultural de este periodo, las comedias de Menandro reemplazaron a las tragedias de Eurípides. En el campo de la oratoria destaca Demóstenes, con sus Filípicas, al tiempo que el arte abandona el idealismo clásico y se vuelve más realista -en consonancia con el pensamiento aristotélico-,  con figuras como Praxíteles en escultura o Apeles en pintura. En la ciencia, han de citarse los nombres de Teofrasto, principal discípulo y sucesor de Aristóteles en el Liceo, quien llevará a cabo importantes estudios sobre la naturaleza; del astrónomo Eudoxo, a quien se debe el modelo cosmológico de las esferas concéntricas, que será adoptado por el Estagirita para explicar el universo; y, por último, el matemático alejandrino Euclides, quien convertirá la Geometría en sistema axiomático en su obra Los elementos.

El contexto filosófico de Aristóteles está marcado, a la vez, por las influencias del pensamiento platónico y por su actitud crítica hacia la teoría de las ideas de su maestro, en cuya Academia estudió durante veinte años. Por una parte, Aristóteles acepta las ideas y las incorpora a su teoría, denominándolas “formas”; pero, por otra, rechaza el carácter separado que Platón atribuye al mundo inteligible: para Aristóteles, las formas siempre van unidas a la materia, constituyendo el individuo concreto, esto es, la substancia o compuesto hilemórfico.
También asume Aristóteles la tesis socrático-platónica de que la ciencia es un conocimiento de lo universal, pero, para él, el conocimiento científico se basará en la abstracción que el alma realiza de las formas inscritas en la materia, elaborando a partir de ellas los conceptos.
Asumiendo de nuevo la materia como principio, el Estagirita recoge la herencia de los presocráticos y vuelve sobre los problemas relacionados con la naturaleza y el movimiento, estudiados por la física, ciencia que Platón había rechazado por dedicarse a la investigación del mundo sensible. Todo ello, unido a los conocimientos de Medicina, adquiridos de su padre, y sus observaciones directas de la propia naturaleza, dotan a su filosofía de una orientación empírica y cientificista que contrasta con el matematicismo de Platón.
Por otra parte, el universalismo griego, patente en el pensamiento platónico, se esquebrajará con el giro realista de Aristóteles, comenzando a aparecer un cierto individualismo en el que no importa tanto “el hombre”, sino “cada hombre.” Tal individualismo se verá reflejado tanto en el pensamiento aristotélico como en las escuelas que convivieron con él o le sucedieron. Así, la actividad filosófica se concentrará en la formación de la personalidad mediante la educación y en la determinación de la conducta conveniente para cada uno. A ella responderá el pensamiento de Aristóteles, pero, también, el de Epicuro y el estoicismo de Zenón. En todo caso, se trataba de la felicidad de cada hombre concreto.

Last modified: Saturday, 17 December 2011, 11:40 AM