Su belleza fue legendaria, pero tras su imagen sublime parece que su papel político y religioso en el desarrollo de la experiencia amarniana fue fundamental.
Su reinado se distingue por la frecuencia con que se realizaron representaciones monumentales que evocaban a la pareja real en la intimidad, y en especial la proximidad de sus hijas (jamás antes de esa época el arte oficial había representado escenas familiares).
Aunque algunos egiptólogos creyeron que fue la que reinó con el nombre de Semenejkara, no se ha demostrado que sucediera a Ajenatón (Akenatón) tras su muerte. Sería más verosímil hablar de reinado en colaboración parcial entre Ajenatón y su gran esposa real. Tampoco se ha podido demostrar que sobreviviera a su real esposo y, por tanto, que ella fuese Semenejkara.